martes, mayo 26, 2009

Catorce probabilidades y una certeza

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Tal vez empañaron el vidrio. O acaso todo fue hecho en algún lugar improvisado a causa de la hormonal emergencia. Lo cierto es que entiendo que ninguno de los dos quería. Pero se dio, a pesar de un desfachatado “tené cuidado” y un cínico “no te preocupes”.
Probablemente, con la noticia, alguno de los dos (y yo creo que los dos) exclamaron “la puta madre” o “me cago en la leche”. Minutos después, quizá, agarrándose la cabeza uno de los dos pregunto a voz viva “¿qué vamos a hacer ahora?” y el otro pensó “¿Qué carajo voy a hacer ahora?”.
Tal vez sus padres pusieron su peor cara y es muy posible que se haya desatado una discusión. Acaso hubo pronunciamiento para él: “¡sos un pelotudo!”. También para ella: “¡sos una puta!”.
Cuando sus amigos se enteraron por confesión y por rumores, es asequible que hayan exclamado un pasmado “¿qué?” acompañado de un rostro con mezcla de sorpresa y terror.
A lo mejor las primeras noches fueron casi en vela, con un sentimiento de muerte y posible que, como eran otros tiempos, ella tenía vergüenza de salir y que la vieran tan niña y tan “irresposable” y él no conseguió trabajo tan fácilmente debido a su nueva condición.
Tal vez lloraron, por el “error” cometido, y hasta es probable que se hayan arrepentido.
Pero lo que es seguro, es que nadie dijo: “bienvenido al mundo”.
miércoles, mayo 20, 2009

Ciegote

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Por Gustavo Sala. (Fuente: http://www.rollingstone.com.ar/ )
jueves, mayo 14, 2009

Directivas

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Las musas son muchas y hablan todas al mismo tiempo. Necesito una mujer para que se ordenen.
Una mujer, una habitación, y una cama. Una mujer que me guste mucho. Que esté un poquito lejos mío, medio de costado con la mano apoyada en la cabeza. Tapándose el cuerpo desnudo con una sábana blanca, pero pero dejando las piernas a cielo abierto y mirándome con media sonrisa.
Cuando pase eso, arranco y no paro. Digo, con la literatura.
Deben percibirse aromas. El de su perfume y otro en la habitación. Debe sonar un jazz en el aire.
El alrededor de la habitación no importa, porque mis ojos van a estar encima de ese cuerpo.
Tiene que hablar despacito, casi con el aliento y de vez en cuando tomar un trago de vino.
Bebo notar que le gusto mucho cuando la mire a los ojos.
Finalmente, mientras yo y me hunda haga analogías que la hagan reir, con su mano me tiene que invitar a hacer el amor otra vez.
Ella debe ponerse mi camisa para ir al baño y cuando vuelva, la secuencia debe repetirse hasta que los cuerpos digan basta.

(El jazz podría "What a difference a day made" interpretado por Jamie Cullum).
martes, mayo 12, 2009

Pobre canción

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Mercedes Sosa junto a Diego Torres. De Daniel Toro, "Zamba para olvidarte".
martes, mayo 05, 2009

De beats y de glups

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No quiere ir. No tiene ganas. No quiere saber de ferias porque ya la kermés no tiene tiro seguro, ya no hay ruletas ni bocaditos Holanda. Ya no hay guirnaldas de lamparitas de 75 colgadas de un poste a otro.
Pero va, porque la fiesta parece estar implícita, porque la tertulia es un viaje de ida.
Enmudece, sólo mira. Presta atención y anhela. Ve al hombre de saco blanco y moño negro que se acerca: hay que decidir. Pero la lucha es mínima, la rendición es total.
El demoño se inclina y vierte en la copa el rojo sanguíneo del fruto de la vid que deja en el paladar el gusto roble.
La música avanza en decibeles. Beats, booms, glups, más glups.
Ahora habla. Todos ríen. Ellas más. Lo observan, lo estudian, se sorprenden de la súbita pragmática, oratoria y juzgan “qué labia”.
No quiso ir, pero ya mueve sus pies. Los globos ya no representan nada, pero el cotillón adorna su cabeza. Glup, más glup.
Volvieron los bocaditos, se mueven al compás del reggaeton pecaminoso y ahora quiere Holanda sopado en cabernet.
Si va al baño no se mira en el espejo. No es momento de mirarse el rostro demacrado.
Foto, foto. Click, flash, glup. Pierde el paso y enmudece otra vez. Caderas van, caderas vienen y da lo mismo. El boom aturde, el glup deprime. Ella, ella. Taxi.
El chofer mira por el espejo y trata de charlar. La lucha inminente entre el dedo pulgar y las teclas del celular. Ella, ella. Llamáme.
Agua, ducha. Se pasa el jabón no como si se lavara, más bien se acaricia. No se pasa el jabón por otras zonas del cuerpo, más bien traza círculos en su pecho con languidez.
El boom resuena en el oído aún en el silencio de su habitación. El glup hace estragos en el corazón. Posición fetal. Último suspiro. Domingo, síndrome.
"No debí haber ido".