lunes, octubre 19, 2009

Tiros, fichitas, y trabajo fino

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Sexo: mujer. Me interesan: hombres. Cuando agrega la fotito de perfil, que sea la mejor producida, no sólo en lo estético de la instantánea. La expresión debe ser la estudiada, la ensayada para la foto pública. Las curvas deben ser acentuadas, la ropa, mejor si tiene escote o deja mostrar las piernas, caderas, y nalgas de la redención.
Nunca viene mal una autofoto tomada con celular brazo arriba para la acentuación pectoral y las gafas de sol abran de ponerle noche hasta a el lunes a media mañana.
Todo, absolutamente todo lo que se publique a de buscar el comentario obsecuente, la adulación no espontánea. La autora para el alimento del ego, el comentarista, para recibir el favor del encuentro.
Es tal el protagonismo que tiene en la vida, que no hay salida sin cámara, no hay fin de semana que no sea publicado aunque todo lo que se registra tiene que ver con los momentos previos al etanol haciendo efecto.
Nunca falta el álbum “pile”, “mardel”, MDQ”, “Sanber”, “Sancle”, “Lastonis”, deja ver la bikini y a la vez el comentario poco creativo, tal como “sos muy linda” cuando en realidad el comentarista pensó “te parto en 24”. (Algunas ya empezaron a mostrar bombachitas).

Si el pibe tiene buen lomo, a “Fotos de perfil”. Incluyen toda la información precisa que hasta determine posición económica. No ha de faltar la instantánea tuerca que muestre el logro no sólo del auto, sino también del “tunning”. De 500 contactos, no más de 20 son varones y aquel que mejor “material” tenga en la friendlist mayor jerarquía habrá de tener.
“¿Hola? ¿Te conozco?”, dice en el chat con ingenuidad premeditada a sabiendas que él mismo fue el que agregó para luego, como indio que orteó al cacique, se haga el que no la conoce.
La “red social” ha batido records de todo tipo. Sin embargo, ni desde que se inventó la pólvora hubo tantos en tan poco tiempo.
La pulsión voyerista en su máxima expresión, y el deseo de trascendencia como punto imperante. Facebook como parte de la vida y como página principal, que se abre apenas después del msn. De hecho, la fotito del msn ya no es tan importante como la del “Face”.
Sirve también para ver qué hace el ex, sirve también para mostrarle al ex “lo bien que se la está pasando”.
Eso sí, cuantos más contactos se tiene, más soledad se siente.
domingo, octubre 04, 2009

Ay Negra...

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Usté sabe bien. Yo también le tengo rabia al silencio. Pero me ha dejao mudo. Se me ha ido y no le dao un beso.

Usté sabe bien que aunque gaucho soy llorón, porque usté me ha enseñao que ser hombre es sentir, sufrir y pechar. Mierda, Negra las lágrimas que me está sacando... Usté me ha enseñao que no se canta una zamba si no se la llora. Y la puta los mocos que se me sueltan culpa suya cuando me doy cuenta que la guitarra suena mejor si usté la acompaña.

Ya sé que soy ilustrao y que pa usté tendría que escribir los mejores versos, pero me ha llevao hasta las letras y el homenaje. Mejor que la hago sonar, porque hoy le tengo mucha rabia al silencio.






miércoles, septiembre 23, 2009

Casualmente premeditado

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Bailaba con estridencia al ritmo de una música que tenía como consecuencia el feroz empinamiento de codo litro por litro.
Noche de frío y todos en remera porque el calor del boliche no se debe a su perímetro sino a las hormonas de ellas en escote, tanga y taco aguja; de ellos en jean abultado y brazos desnudos y trabajados.
Él no tenía sus músculos al viento y de hecho por más desnudo, sus músculos no se percibían. Él tomaba como quien va al cadalzo, lo suficiente como para que esa noche nadie acepte su ternura y mucho menos su indecoro.
Vueltas y vueltas en la pista oscura, zona liberada en la que su participación no era grata, acaso por los balbuceos.
La noche terminó. Había que ganar la calle y luego la cama de la soledad pampeana pero su amigo, con el que concurrió a la disco, solicitó espera y besó a una mujer así como besa Arnaldo André. Su rostro se parecía al de un indigente que mira comer asado.
Pero alguien lo saludó desde atrás y la voz, sea la de quien fuere, era como la de un ángel. Una vieja compañera de trabajo que también esperaba que su amiga termine el intercambio de fluidos.
“Estás linda”. “Gracias, vos también”. Los dos floreos se hicieron mirando a los ojos. Las dos cabezas se inclinaron en sonrisa. Los cuatro pulmones, se agitan a la vez. Señales suficientes que dan a entenderlo todo.
“Cada semana veo tu trabajo y realmente te admiro. Vas a ser un capo en tu materia y de mi parte vas a tener siempre mi admiración, porque además…”. Una serie de halagos continúan a la última cita, que no se detallan aquí, porque así como se interrumpió el relato, se interrumpió la atención de él, para preguntarse dentro de sí “¿le tiro todos los galgos? Probemos con un chiste”. El experimento se lleva a cabo y ella ríe a carcajadas. “Listo, es mía”.
Flores van, flores vienen pero ninguno es claro aún y los dos esperan que alguien haga la esperada sentencia.
El veredicto: “Me gustás mucho”; “vos también”. Los fundamentos: “Tremendo y tu escote, y ni hablar de lo bien que te queda ese jean en la cola, que deja ver el elástico de tu ropa interior y me muero por saber si será culotte, tanga o cola less”. Ella roja. “¿Querés ver?”. “Sí, claro”. “¿Dónde?”. “Conozco un lugar por acá cerca”. "Vamos".
Dos cuadras caminando pero alejados por más de un metro. Él se preocupa por su estado etílico que de ser importante podría hacerle pasar una importante vergüenza, pero aún así la tormenta de hormonas ya es torrentosa. Ella, solo calla y espera el acoso, el empujón que la choque en un paredón a la espera del avasallamiento del muchacho con el que ya todo está dicho.
“Lo pedís, lo tenés”. El beso en la pared oscura. La mano que recorre cerca de los puntos prevenida de un “no toques” que no llega, y no llega, y no llega, por lo que todo es palpado, todo.
La oscuridad se presta. Ella, federada en el juego de la adrenalina se pone de rodillas. El pela, ella fela. Escondidos los dos detrás de un cartel publicitario a cincuenta metros de una casa de amores.
“Maestro, ¿tiene habitación?”. Madrugada del domingo, cinco de la mañana, momento en que todo el mundo sale al mismo tiempo y satura los hoteles. Pero el sexo que es casual, lleva inexorablemente consigo una carga de fortuna, no así, aquel que se planea. “Sí, la 23. Pasen chicos…”.
Al final era una tanga. Al final la sincronicidad era exacta. El manejo preciso, los tiempos de redención paralelos y en conjunto. La confianza y el conocimiento mutuas y las vergüenzas y complejos de ninguno. Claro, la carga de fortuna del sexo casual.
No, no hubo tiempo para pucho de intervalo, todo fue aprovechado.
Turno. Teléfono. Despedida que no se desea. No hicieron falta agradecimientos ni despedidas obsecuentes. Bastaba con el abrazo, y con el último beso que fue como el primero, “así que mejor andate porque entramos de nuevo”. Media vuelta y dos taxis esperaban. No hubo que preocuparse por eso.
Llaves. Casa. Heladera. Que belleza: hamburguesas, pan, mayonesa, queso y coca. Claro, la carga de fortuna que el sexo casual conlleva.
martes, septiembre 15, 2009

Cómo conseguir chicos

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No, en serio. Te dan ganas de ir a buscarla y aniquilar sus pucheros. Bah, si el puchero de Malena Pichot no lo mata a uno primero.
Sí, está buena, buenísima, pero es muy inteligente. Al punto que rejuntó pucheros, una pizquita de victimización, queja cósmica, y humor crudo, y sin darse cuenta (porque reconoció que lo hizo catárquicamente luego de la ruptura con su ex pareja), se convirtió en la nueva estrella de la dimensión web, amor platónico de los que son solos o con una novia aburrida, y abanderada de las chicas de 25 a 30 que alegan “no hay hombres”. “La Loca...” hace reir, mucho; posta. Acaso porque porque por fín una mujer hizo públicas las conversaciones, prédicas, teorías, y expresiones que las chicas hacen cuando están solas y que los hombres no se enteras. Por fin, una chica se animó a decir que se tira pedos (ojo, no es lo mismo que lo diga ella a que lo diga, por ejemplo, Ileana Calabró).
A su vez reconoció que no es una buena “felatista”, pero lo confesó, para todas aquellas que dicen que nunca regalaron uno.Llamado telefónico el lunes. No podía, tenía dos entrevistas. El martes, tampoco. Más notas. “Estoy haciendo un video que tengo que mandar ya a Mtv... A ver, la hagamos ahora que de paso me hago un recreo...”, invita y prende un pucho.“Hace ya unos meses que me hacen notas de distintos medios y de ciudades. También muchas notas de chicos que hacen trabajos para la facultad. Quien soy para decir que no...”, rie.
Al cierre de esta edición, las visitas de sus videos en You tube (escribir “La Loca de Mierda” en el buscador del sitio) sumaban 651.187 visitas. Por eso es que MTV, ni lento ni perezoso, le ofreció publicar sus videos en ese canal (lalocademierda.blogspot.com). Se le consulta, en esta entrevista cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en estos videos y parece contener la risa. Debe ser que el acento tuculandez la tienta. Cuando arranca la respuesta se la interrumpe y se le exige que sea “sin cassette”.

-Los videos empezaron... ¿qué querés decir? ¿que no diga lo que digo siempre?
-Sí, eso... Se te nota en tensión. Debe ser porque te justo estás laburando.
-¡No! cero. Cero. O sea, no estoy en tensión... o vivo en tensión... porque soy una persona nerviosa. Los videos están pensado y tienen cosas que saco de la vida real. ¿No? O sea, por ejemplo ahora estoy haciendo un video de las típicas frases de los pibes forros y todas esas son frases que me han dicho y que he escuchado ¿no?
Paréntesis. De una: Malena a partir de escuchar la tonada tucumanaza del cronista, pasa de usar el porteñísimo pretérito indefinido (“ellos dijeron” [...] “yo escuché”), a hablar con en pretérito perfecto (“me han dicho” [...] “he escuchado”).
-Lo mío no es un reality show. No es que pongo la cámara y me pasan cosas. Siempre tengo una premisa que después improvizo delante de la cámara. Es como quien escribe un cuento. Cuánto hay de ficción... y bueno algo sacó de la realidad ¿no..?
-¿Estás levantando muchos chicos?
-(Rie) No...-¿Por qué..?-¿Por qué..? (...)
-¿En el blog y en tu Facebook, según los comentarios, hay una gran cantidad de voluntarios dispuestos a revertir: a) tu soledad. b) tu sedentarismo sexual...
-Si, bueno, pero... Qué se yo... (se cuelga y suspira. Al segundo reacciona y responde agitadamente) No, digo... sí por los comentarios del Facebook y de la página me dicen cosas muy lindas, pero en persona no tanto, ¿eh? Lo mismo que antes. Los chicos que me gustan a mí son los que tienen un sentido del humor y con los que lo comparto. Así que... no sé... Lo que sí tengo es mucho chonguito...
-Qué dice la familia de estos videos?
-Por suerte tengo padres como muy progres y muy divertidos. A mí vieja le gustan mucho los videos. Mi viejo se ve como incómodo y a los monólogos que estoy haciendo, mi padre no los puede ver. Pero le gusta lo que hago.

Ah sí. Hace lo que se llama “stand up”. Un estilo de comedia donde el comediante se dirige directamente a una audiencia de presente. Ella, en este caso, con monólogos. Le encantan al punto de ser fanática de los que hace Sarah Silverman, así como también de Seinfeld y You Tube.Nació en Núñez pero es desde Caballito (“Little Horse”, que le dice) arma y proyecta sus videos desde Caballito. Allí se prepara a la vez para terminar una licenciatura en Letras.
No, los videos no surgieron a partir de la pelea con su novio. Su novio la dejó, siempre aclara, y allí pasó eso de mostrarse ridículamente sola en su antiguo dos ambientes, sarpullido a causa de la presión que se intentar curar con una pomada que venció en los 90, como “sacarse toda la mierda” con la guía de su gurú “Vico”, y tratando de dejar de ser una “patética perdedora”. Lo cierto es que alguien la linkea y todo ser se vuelve inanimado mirándolaLo cierto es que alguien la linkea y todo ser se vuelve inanimado mirándola. Y engüalicha. Te mete su puchero en la cabeza y te pone a sus pies.
jueves, septiembre 10, 2009

El tío Enzo

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"La mentira y la lucidez tienen la misma capacidad de palabras. Pero la mentira tiene mayor capacidad de convencimiento...".
La frase se estampa sobre su remera naranja, que trajo a Tucumán y de la cual sabe, atrae “minitas”. Las firma como Sir Uja.
Un sms anunció su llegada y era inevitable no irse a tomar con él. Humahuaca lo contiene desde hace 11 años. Humahuágica, la bautizó.

“Es el Tío Enzo, es el Tío Enzo”, dicen las chichis ni bien entramos al bar tucumano. Todos lo conocen, el país entero.Acaso sea porque fundó el club Defensores del Refumatorio de Villa Carmela bajo el lema “saquen afuera los cadáveres que nosotros lo cremamos”. O tal vez porque en Humahuaca esa pulsión inaugurosa lo hizo cortar la cinta del “Loquito Fútbol Club”, una sociedad de camaradería en la cual no se puede jugar si el dopping no es positivo.

Todo empieza en una ronda en la que se lleva a cabo la “chala técnica” en donde la damajuana corre y en sentido contrario cada uno de los porros de cada una de las personas.

¿Porristas? Sí, hay. Son las encargadas de armar durante el partido. Porristas propiamente dichas.Detrás de los arcos las damajuanas nunca esperan, son desagotadas con frecuencia y más de un gol se pierde cuando algún centrojá se detiene, prende la tuca y los demás se acercan también a probar.

Cangura se llama su perra y cuando no lo encuentra sabe bien que debe buscarlo borracho en el “Ahicito”, taberna humahuaqueña llena de vinos y quebrada.

Se acercó con el paso borracho hasta una chica sentada con un perro callejero. Eran noches de carnaval. Miró al animal que ya lo apuntaba y al estirarle la mano para acariciarlo el animal atacó. Los reflejos inútiles del Tío Enzo retrotrajeron su mano con la lentitud de un abuelito aunque con la suerte de no ser mordida. La acción se repitió una y otra vez. Yo salté de mi silla al grito de “¡te va a sacar una mano, boludo! Lo empujé hacia a mí. Con gesto de circunspección alzó los ojos hacia los míos y dijo: “este perro es un paranoico, y a la gente paranoica hay que entenderla…”.
jueves, agosto 06, 2009

Redactores de provincia

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Por más que tuviera un auto él preferiría ir en colectivo, porque ahí hay aventura, porque es el más íntimo de los lugares masivos. Cada mueca de la gente la representa tal cual es, sea hablando, o con el sublime momento de paz que se vive al mirar ciegamente por la ventanilla.
La parada da justo a un kiosko, donde compra un atado de cigarrillos, pero de 10.
Camina unas pocas cuadras y fuma. Mira a las más jovencitas, “ésta está buena”, “ésta no”.
Desvía en la vereda y entra al importante edificio en el que se encuentran los más importantes Holdings de abogados de la región. El portero (de corbata) lo saluda con solemnidad y hasta le llama el ascensor.
Llega a la redacción y alguien lo espera, alguien de mucho poder que esta vez está sumiso ante el contrapoder que tiene un diario de papel.
Escribe la nota apurado. De vuelta en la calle la casa de gobierno lo espera. Lo conocen, entra, pone el grabador cerca del que ocupa el histórico sillón. Cuando termina se acerca a la mesa trasera en la que un cóctel se reserva para ellos. Otro funcionario le otorga boletos de avión para un viaje al Calafate, todo pago, mientras devora los sanguchitos. Come todos los que puede, con fervor.
Vuelve a la redacción y un compañero le pude un pucho, y otro, otro. Enciende la computadora de última generación de su escritorio y tipea.
Llama a las fuentes, las locales, las del país, y también a las de afuera. Sus contactos son de los que influyen y en serio.
La gente que lo conoce lo felicita por la calle por la última nota escrita. Como nunca, desde que firma las notas cientos de mujeres lo adulan vía mail, y aquellas que conoce personalmente lo tildaron de “buen partido” aunque sin explicación lógica, él se les aleja.
Mira los diarios del mundo. Lee las notas de los periodistas estrella y sueña, con El Mundo, La Nación, New York Times.
Pasa el día entero. Tiene hambre. Termina su trabajo y camina hasta la parada. Pero no sube a la línea de colectivos que lo trajo. Toma otra. Llega hasta la zona de destino, camina dos cuadras, hace de tripas corazón y mira su pero reloj para constatar la fecha. Apenas día 15. Siempre, pero siempre, antes de poner un pie adentro, mete la mano en el bolsillo para ver cuanto dinero tiene. Y no tiene. Sólo cospeles de colectivo que se aseguró a principio de mes. Respira hondo y el saberse periodista en Tucumán, lo conmueve. Toma asiento en una mesa con el rostro inclinado. Una mujer se acerca con un plato de guiso. Él siente vergüenza, aún después de un año de asistir. La mujer lo mira, le sonríe, le frota el hombro y le dice “siempre será bienvenido en este comedor barrial”.
domingo, julio 12, 2009

Por las dudas

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Se ven, se miran, se gustan. Mantienen una charla y se impactan. Pasan los días y el muchacho tarda más de media hora en redactar un mensaje de texto tratando de componer la frase exacta que proponga una cita.
Mal o bien hecha, la señorita acepta, porque la primera impresión ya contó.
Él, camisita, y hasta zapatos, buscando cierta formalidad. Ella, pollera. Si es invierno, jeans. Lo que sí, no importa la estación, siempre habrá de estar parada encima de tacones.
Bar o restaurant de común beneplácito y nunca de nivel medio y mucho menos bajo.
¿Qué se busca en la charla? Puntos en común. Que él diga que le gusta tal cosa, y que casual o causalmente uno de los dos responda “¿en serio? A mí también me encanta…”
Diez de estas casualidades terminarán en besos más tarde. Entre veinte y treinta terminarán en besos apasionados y en una siguiente cita no más allá de dos días. De treinta casualidades en adelante, habrán de definir un noviazgo esa misma noche (si sobrepasan las cien) o en no más allá de una semana.

Pero nadie mencionó lo que a uno no le gusta. Ninguno de los dos mencionó lo que se odia. Con el tiempo aparece, pero no en forma de mención, sino en forma (y con la drástica tonalidad) de reproche.
A mí decime de primera lo que no te gusta. Prevenime sobre lo que odiás. Prefiero evitar morderme los labios y los suspiros que en el silencio suenan como bombas.
Yo quiero mirar esas piernas en tacones y oler el perfume, a mirar a los ojos en cada sorbo de vino. A hablar relajado y a volumen susurrante.
Elijo decir incoherencias y despertar la risa a la histérica empresa de “caer bien”.
Renuncio a la información de “lo que le gusta”; prefiero abocarme a descubrirlo, mirándola, sintiéndola, por consecuencia.
Opto, con el cielo como testigo, por saber aquello que se odia, para entender a la perfección la tarea urgente y oportuna de la reconciliación desnuda.