miércoles, octubre 10, 2007

Ricardo Tapia: "El 50% del Pepsi Music suena desafinado".



(Fotografía de Augusto Famulari)
Decir Buenos Aires no solo remite al Obelisco y a la 9 de Julio. También proyecta en la mente de algunos el barrio, los cafés de esos barrios, y en consecuencia, a las personas que habitan esos distritos. Esos barrios porteños, y sus parroquianos han sido plasmados en miles y miles de canciones, cuentos, poemas, leyendas y toda clase de relatos, artísticos o no.
Decir Buenos Aires (aunque no parezca) es decir también blues; género musical que nació siendo el lamento y canción de esperanza de los esclavos negros que eran flagelados a lo largo de las riveras del Río Mississippi en los Estados Unidos.
Con el paso del tiempo, el blues fue tomando forma hasta llegar al que hoy conocemos.
Se dice que en la Argentina fue popularizado por Javier Martínez. Así como en su país de origen el blues fue evolucionando hasta tener su sello propio, su forma de cantar, de expresar, de sentir, y por supuesto de tocar y La Mississippi fue, acaso, pionera de ese cambio.
Se formó en Florencio Varela, una localidad del sur de Buenos Aires en la República Argentina, realizando su debut en 1989 haciendo un clásico repertorio de blues. Pronto comenzaron a componer su propio material, debutando discográficamente en 1993 con "Mbugi", que contenía su gran éxito "Café Madrid" y que vendió 20.000 copias.
Está actualmente integrada por Ricardo Tapia (Voz, armónica, guitarra), Gustavo Ginoi (Guitarra eléctrica y coros), Claudio Cannavo (Bajo eléctrico, coros), Juan Carlos Tordó (Batería, percusión y coros), Eduardo Introcaso (Saxo alto y barítono, coro y arreglos de vientos), Marcelo Zeta Yeyati (Saxo tenor y flauta), Gastón Picazo (Piano y teclados).
La Mississippi es un grupo que aferra su música en los pormenores de la vida simple, prefiere hablar sobre los anhelos de progreso de un faenador de carne a las abstracciones de la cosmología cuántica (por dar un ejemplo). La Mississippi se refiere a amigos en un bar, a chicas que van y vienen, a hombres machos pero altamente vulnerables. Hombres de barrio, cantando y tocando a gente de barrio canciones que hablan de lo que ocurre en el barrio.

Ricardo Tapia, su líder y cantante (y no sé si llamarle cantor), aceptó esta y no en otro lugar más que en un bar ubicado en San Cristóbal y que permanece tal cual hace unos 70 u 80 años, lleno de madera, con una balanza de esas colgantes, cuadros de tangueros ilustres que alguna vez se sentaron "en sus mesas que nunca preguntan".
Ricardo elige una mesa junto al ventanal, observa el lugar, dice “espectacular”, y se pide un “trombón”.
“El bar es un lugar de reunión. Nuestras canciones apuntan a la mística del bar como lugar de reunión. Esa mística se está perdiendo. Es la hoguera donde la gente se juntaba a acercar la manito. En el bar es donde se gestaron la grandes canciones del tango, del folklore y del rock.”
- A tus 45 todavía te ¿juntás todavía en los bares?
A jugar al billar.
- Che, pero eso ¿no es cosa de viejos?
No, hay muchos pibes de 15 años que no sabés lo que juegan. El billar es un juego muy lindo. Y da para conocer gente grande, gente joven, artistas, médicos... Yo no tengo solo amigos músicos, también tengo amigos de otros géneros. Aparte pinto y dibujo y como que me junto con diferentes pastas de gente. Yo soy de muchos barrios. Como dice la canción de Los Gatos, “yo soy de ningún lugar”. Nací en Paraguay y Libertad, después de pibe estuve en Florencio Varela, de ahí me fui a La Plata y luego me mudé a Colegiales que es donde vivo desde hace 16 años y ya me asenté ahí... Y tuve varias profesiones.
- ¿Cómo cuáles?
Hice de todo... Hice mucho tiempo pintura de obra. Enseñaba inglés y necesitaba un laburo que me deje más moneda. Hacía todo lo que era madera... La verdad es que laburé en varias cosas.
- ¿Dé dónde aparecen historias como las que hay en estas canciones de La Mississippi como San Cayetano, Café Madrid, El Detalle y todas esas? ¿Son reales o surgieron a partir de las presiones de un compromiso comercial?
San Cayetano es una historia real. Nunca tuvimos compromisos comerciales porque no pensamos que nuestras canciones se vayan a vender. Tenemos la suerte de hacer lo que queremos y que a la gente les guste. Entonces disco a disco hacemos cosas diferentes, y eso a veces anda solo, y yo creo que esa es nuestra diferencia como banda de blues en la Argentina: nunca un disco es igual al otro; tienen diferencias.
En el caso de San Cayetano fue una historia real un poco transformada. Yo le puse un final, pero es la historia de dos personas de clases sociales que se encontraron el la cola de San Cayetano. Era ella del Opus Dei con mucho dinero y el era de la clase obrera con una muleta que lo recuerdo mucho. Es amigo de un pariente mío, me contó la historia y quedó la versión porque me parecía una historia totalmente fuera de lo común.
Café Madrid es el café donde yo iba de cadete. Está en diagonal al Obelisco en Diagonal Norte del lado del Colón. Yo laburaba a la vuelta y los dueños eran unos gallegos que nos hacían cuenta y después pagábamos a fin de mes todos los cadetes. Después del tema tuve cuenta muchos años (ríe). Ese lugar fue parte de Buenos Aires para mucha gente.
Y hay temas que salieron de la nada. Temas que son 80 por ciento imaginarios y 20 por ciento real. Eso es lo bueno de no tener que dar explicaciones.
Si yo digo que mi mujer se llama María muchos tipos van a pensar en su mujer.

- ¿Por qué La Mississippi no forma parte de las grillas de estos grandes festivales que están haciendo las multinacionales?
Estuvimos bastante tiempo en estos festivales. Tocamos en los mejores horarios y qué se yo. Pero las megaempresas que organizan estos medios conciertos, empezó a requerir demasiado de los artistas que están en estos festivales. Nosotros no tenemos convenios con nadie porque somos independientes y tenemos nuestra propia agencia.
En realidad nunca nos perjudicó, porque nosotros seguimos tocando y tocamos en los lugares que queremos. Pero no te perjudica no estar en el megafestival, al contrario: te coloca en un lugar aparte.
En estos lugares sucede todo lo que te imaginés. Todo lo peor que te puedas imaginar y mejor también. A nosotros nos interesa que sucedan las cosas que nosotros queremos que sucedan y no las que nos hagan suceder. Además ideológicamente tenemos una manera de pensar entonces no nos gusta que nos manipulen.
Alguien tiene que estar afuera de todo eso. De la misma sala donde ensayamos salimos La Renga, Los Redondos, y La Mississippi. Tres bandas que son independientes, la misma sala; me parece que no es casualidad. Todos ensayábamos en el mismo lugar y todos pensábamos lo mismo. Osea, si tenés una idea, la tenés; es así. Sería bueno que fueran respetuosos de los artistas independientes y que nos invitaran... pero no lo van a hacer, y la verdad no me importa.
El anteaño pasado tocamos en uno de esos “meganosecuanto”, no se si era Pepsi o Quilmes, y había más gente viéndonos a nosotros que al artista de PopArt afuera y Mario (Pergolini) transmitió nuestros recital y no el de ellos y eso no gustó mucho.
- Cuando imagino a La Mississippi imagino a una banda que siempre después de cada ensayo se come un asado...
Con tiempo sí. Pero a veces estamos muy apurados. Yo hago muchas cosas. Estoy con la prensa, hago la parte de editoriales, laburo con las obras, produzco otras bandas, entonces los ensayos son muy puntuales. El negro Tordó es el manager. Gustavo Ginovi enseña guitarra a chicos sin recursos en las villas de Florencio Varela desde hace muchos años. Pero cuando podemos nos tiramos unas carnecitas que nos tiran los muchachos de un frigorífico de Rosario.
-La canción “El matadero” nace a partir de ese frigorífico?
No, el de la canción es un matadero de Varela. El flaco (el protagonista de la canción) es un muchacho amigo mío que vivió en mi casa mucho tiempo. Yo vivía a seis cuadras del matadero y él laburaba ahí y se iba a laburar y volvía quemado, y le dedicamos una canción.
- ¿Estabas tan enojado como lo describe la canción “El fierro”?
Todo lo de “El fierro” nació como un chiste acerca de los jubilados que aparecían en el programa “La tuerca”. Tincho Zabala actuaba ahí y siempre decía “un día voy a agarrar un fierro y voy a entrar a dar y dar y dar”. Fue como un homenaje a eso y justo en ese momento (fines de 2001) estaba todo podrido y dejó de tener un sentido tragicómico y empezó a tener un sentido social. Las desgracias en la Argentina siempre toman trascendencia porque es un país dramático.
¿Por qué te creés que vienen tantos extranjeros? Porque creen que están en el Mayo francés constantemente. Vienen y les encanta ver banderas rojas y todo es emoción de algo. Yo conozco un montón de extranjeros que vienen acá para que les pase algo, porque en Europa no pasa nada; suecos y alemanes que me dicen “vamos a la macha, vamos a la villa”… Están a la búsqueda de una ebullición revolucionaria constante. ¿Sabés la cantidad de alemanitas lindas que van a cocinar para los villeros?
- ­Te gustan mucho a vos las minas ¿no..?
Seee… ¿A quién no le gustan mucho las mujeres? Las mujeres son espectaculares. No ha hecho Dios nada más perfecto que eso. Yo creo que se basó en eso, lo demás lo hizo de sobra. A nosotros nos hizo un apéndice como para poder encastrar…
- ¿Tuviste muchas mujeres?
No muchas. He tenido buenas y en buena calidad. Después ya me casé… llevo 22 años de casado.
Pero se dice que para un músico la infidelidad es inevitable…
La infidelidad no existe, lo que existe es el amor. Hay un secreto de por medio. El matrimonio lo que trae es el secreto, y con mi mujer ya lo descubrimos…
- ¿Y cuál es ese secreto?
No, no te voy a decir. Casáte y lo vas a saber. Mirá vos que te voy a decir acá sentados en esta mesa… Dejáte de joder…
­- Qué ice tu mujer acerca de las letras que escribís referidas a tantas mujeres…
Se caga de la risa. Ya me conoce.
La esposa de alguien que escribe no tiene que ser celosa como una piba de 14 años, tiene que ser adulta e inteligente. Puede que te toque una chica muy jovencita o tenga una crianza muy estricta (o no), probablemente no te tenga la fe necesaria porque vos no la merezca… Andá a saber ¿viste? Si alguien interfiere en una cosa artística la está destruyendo.
­Cambiando de tema, ¿no creés que los medios grandes se olvidaron de ustedes?
Mirá, te voy a decir un secreto: Cuando menos manija te dan y cuanto mejor tocás, mejor te va. Vos tenés que tocar lo tuyo siempre bien y en el mismo lugar insistir y siempre la gente va a verte. Y si no estás en un megaconcierto, la gente va a verte igual, probablemente porque es una contra reacción de todo eso. Lo importante es estar del otro lado. Alguien tiene que estar del otro lado. La gente cree que el megaconcierto es la finalidad de un músico, la finalidad es tocar y seguir y hacer la mejor música posible y tocada lo mejor posible y con lo máximo posible de calidad que puedas. El rock argentino en un momento tuvo calidad de exportación, como Invisible, Pescado Rabioso, Serú Giran… Ahora hay muy poco para exportar. Tiene que volver Soda Stereo y un montón de grupos para que suene a rock internacional. La mitad del rock nacional es una porquería, suena mal, tocan mal, desafinan, no estudiaron. Nunca vi tocar tan mal como ahora…
- ¿Y a qué creés que se debe?
Es glamour, es pavada. Es usar los signos y símbolos que están de moda y tocar para el culo. Siento que soy de la generación de los Rolling Stones, que aprendimos a tocar con los Stones (y eso es blues lo que tocaban los Rolling Stones) y cuando escucho una banda que toca “rolinga”, mal, me da vergüenza. Eso no se puede exportar y me da bronca que con los músicos grosos que hay en la Argentina, sobre todo en el interior, y todos estos mogólicos que desafinan estén arriba. El 50% de lo que escuchás en el Pepsi Music está desafinado. Ponélo como título… Pero ponélo ¿eh?

Hoy por hoy La Mississippi se encuentra abocada a un disco conceptual; canciones que estarán desarrolladas a partir de una sola historia: la de un boxeador.
Además están presentando un show de versiones de sus propias canciones con muchos invitados, pero ojo, versiones muy diferentes, al punto que “El detalle” ahora es tango.
Era una tarde soleada en un bar que se quedó en los años 20, revestido en madera, bien porteño.
Ricardo Tapia nunca se sacó las gafas de sol. Hablamos casi dos horas y pidió un trombón (nombre con el que se designaba a un vaso de vino) en copa acaso por aquella máxima que compuso que dice “un trago para ver mejor”.

3 comentarios:

Maryanne dijo...

Es muy largo el post y tengo sueño, asi que no voy a leerlo por ahroa, jej.
Te dejo un beso por mi ausencia de hace días.

Violeta_ dijo...

eyy... muuy bueno, che.
No sé cómo conseguiste ir, si bancó el diario o no. Pero tenés que seguir haciendolo.
jajaja me gustó.
Ey, que buenos temas elegiste!

Violeta_ dijo...

ahh... espero que en el tiempo q estuviste hayas cosechado más de estas charlas.
y la foto me gustó. Original. Lo que ve la gente cuando pasa.