
Sí, billetera mata galán, pero no reloj. No hay Rolex que te salve de la vergüenza.
Te mofaste ante tus amigos de haber conseguido el tesoro más preciado: la cita telera con las mellizas Débora y Julia D., dos increíbles mujeres iguales con los glúteos de Rocío Guirao, las lolas moderadas y naturas de Carla Bruni la actitud de Illona Staller, apenas 20 años (que reeco), sodomitas, insestuosas y más pedigüeñas que piquetero en Navidad.
Juntaste unos 500 en billetes de 10, para que la billetera se te vea gorda.
¿El plan? Ir el sábado directo a la loncha delgada de carne magra en el albergue de los sueños.
Y así fue. Pegaste un Falcon modelo 78 palanca al volante, de esos de un solo asiento de modo de ir con las dos entretenido. Tocaste el "tu-tu" que las haga bajar del "deto", pusiste primera y ellas fueron “a lo suyo” también probando la caja de cambios albergada debajo de la tapa de cilindro de tus Angelo Paolo.
Habitación disponible. 23.30 y dos horas de lujuria por delante, además de la rigidez de un caballo salvaje.
Pero ay de ti hombre necio, no recordaste que el matrimonio preside hasta el tiempo y adelantó la hora.
La insaciables a las 00.30 reales, 01.30 K, recién terminaban su show promiscuo e (insisto) insestuoso de caño (ese que sueñan bailar en lo de Tinelli y así pasar por lo de Canosa, Rial, Carlos Paz, Mar del Plata, y los yates de la oligarquía?, cama, mesada, jacuzzi, suelo, patio privado.
Pero la argentinidad del controlador de tiempo del hotel de los adulterios salió a la luz, y anunció fin de turno. “Señor usted entró a las 23.30”, retrucó ante el reclamo. “¿Qué hora son, mi amor”?, “es verdad, la 01.30 y son $200 por el show y paganos ahora, mi amor, que nuestro cafishin está en la puertita del telo”.
Pero la argentinidad del controlador de tiempo del hotel de los adulterios salió a la luz, y anunció fin de turno. “Señor usted entró a las 23.30”, retrucó ante el reclamo. “¿Qué hora son, mi amor”?, “es verdad, la 01.30 y son $200 por el show y paganos ahora, mi amor, que nuestro cafishin está en la puertita del telo”.
Cuando Mefistófeles develó su identidad a Fausto, este se sorprendió menos que vos.
Fueron $250 de la suite Eros, $50 del champú marca Moria Casán, y $200 del show. Los “ja” de tus amigos en el bar, hicieron creer a los transeúntes de la vereda que había un humorista dentro sin darse cuenta que allí no se encontraba un auténtico loser, sino una víctima más de la terquedad kirchnerista.