
A las chicas les gusta más que se lo digan personalmente. La psicología sentencia: el 50 % de las inhibiciones se borran con el alcohol.
A las chicas no les gusta así: borrachos. Porque no articulamos las palabras, no sabemos lo que decimos, no piensan con la cabeza. Es cierto.
No es que uno piense con la rótula, tampoco la pelvis, si es lo que estás pensando.
Yo tal vez piense con el recuerdo, saberte mi debilidad, hallarte oportuna en mis sueños de besos húmedos, escucharte detrás de un teléfono. Oírte ansiosa detrás del teléfono con intenciones de salida antes de proseguir con la rutina insostenible de todas las parejas.
La noticia de tu llegada ha hecho de mí suspiros a toda hora, comparaciones exquisitas; fantasías encontradas. No, no lo puedo negar más: representás la suma de todas mis debilidades.
Mi equilibrio difuso, en aquel lugar de sábado, acaso tendrá que ver no con el etanol, más bien con tu sonrisa ideal para portarretratos en una mesita de luz.
Todavía tengo el telegrama que informa tu partida en mi mano.
No importa: si no te doy un beso esta noche, me conformo con componer las letras más bellas en tu honor; y en tu olor, que ya se impregnó en mi memoria.
No, no te fuiste sin que te saque el jugo. Salud.


